Una tortuga marina que sube a desovar en la noche es una de las experiencias más antiguas que puede presenciar un ser humano. El gesto es el mismo desde hace millones de años: salir del agua, arrastrar el cuerpo pesado por la arena, encontrar el punto exacto, cavar con las aletas traseras, depositar los huevos, cubrirlos, regresar al mar. Sin drama, sin urgencia, con una determinación que parece más mineral que animal.
En San Agustinillo y en toda esta franja de la costa oaxaqueña, las tortugas golfina (Lepidochelys olivacea) llegan a desovar principalmente de agosto a diciembre, con picos en septiembre y octubre. La proximidad del campamento tortuguero de Mazunte hace que esta zona sea uno de los pocos lugares del mundo donde presenciar este proceso es posible de forma relativamente accesible, si se hace bien.
Esta guía es sobre el “si se hace bien”.
Por qué el comportamiento del observador importa
La tortuga que sube a desovar está en un estado vulnerable. Ha viajado kilómetros mar adentro, ha regresado a la misma playa donde nació décadas atrás usando campos magnéticos que la ciencia todavía no comprende del todo, y está realizando el único proceso reproductivo de su vida durante esa noche.
Las tortugas marinas son sensibles a la luz durante el desove. La luz artificial —linternas, flashes de cámara, pantallas de teléfono— puede interrumpir el proceso, desorientar a la hembra y en casos extremos provocar que abandone el nido antes de depositar todos los huevos. También puede desorientar a las crías cuando nacen, porque las tortugas recién nacidas siguen la luz más brillante para llegar al mar, y la luz artificial puede hacerlas ir en dirección contraria.
El ruido fuerte y el movimiento cercano también estresan a la hembra. Una tortuga que siente presencia humana demasiado cerca puede abandonar el intento y volver al mar sin desovar.
Todo esto no significa que no se pueda observar. Significa que la observación tiene reglas que no son opcionales.
Las reglas básicas
Sin luz blanca. Las linternas convencionales y el flash de cámara están prohibidos en la zona de desove. Si el guía o el campamento proporciona luz roja, úsala solo cuando sea necesario. La luz roja afecta menos la visión de las tortugas que la luz blanca.
Sin teléfono encendido cerca de la tortuga. La pantalla de un teléfono en modo normal emite suficiente luz para disturbar. Si necesitas el teléfono para algo, aléjate de la tortuga antes de usarlo. Para fotografías sin flash en modo nocturno, consulta con el guía si es apropiado en ese momento del proceso.
Sin tocar a la tortuga. A menos que el personal del campamento tortuguero lo indique específicamente (hay situaciones en que se interviene para ayudar), los observadores no tocan a la tortuga, no la rodean, no se ponen entre ella y el mar.
Distancia mínima de dos metros. En la práctica, esto significa observar desde detrás y a los lados, nunca desde el frente. La tortuga necesita ver el camino de regreso al mar sin obstáculos.
Sin ruido fuerte. Hablar en voz baja está bien. Gritos, risas fuertes, música: no.
Seguir las indicaciones del guía. El guía o el personal del campamento tortuguero son la autoridad en la playa esa noche. Sus instrucciones van primero sobre cualquier cosa que quieras hacer o fotografiar.
Cómo funciona la experiencia práctica
El desove en San Agustinillo no es un espectáculo programado con horario fijo. Las tortugas suben cuando suben, generalmente después de las nueve o diez de la noche, con más frecuencia en las horas de madrugada. No hay garantía de ver una tortuga ninguna noche en particular.
Lo que sí existen son patrullas de playa organizadas por el campamento tortuguero de Mazunte (CEJUMAR) y por guías locales que caminan la playa por la noche buscando rastros de tortugas. Cuando encuentran una hembra en proceso de desove, llevan al pequeño grupo de observadores hacia el punto.
Para participar en una de estas salidas nocturnas, hay que contactar al campamento tortuguero de Mazunte o preguntar en el bungalow o palapa donde te alojes. Los guías locales de San Agustinillo también organizan estas salidas. El costo varía, generalmente entre 100 y 200 pesos por persona, y el dinero contribuye a los programas de conservación.
La salida dura entre una y tres horas dependiendo de si se encuentran tortugas esa noche. Hay que llegar preparado para caminar en la arena oscura, con calzado cómodo y ropa para el frío nocturno costero, que puede sorprender después del calor del día.
Temporada: cuándo hay más probabilidades
La temporada de anidación de la golfina en esta costa va de agosto a diciembre. Los meses con mayor actividad son septiembre y octubre, cuando las arribadas —eventos de desove masivo que pueden involucrar miles de tortugas en noches específicas— son más frecuentes.
Las arribadas son el evento más impresionante dentro de la anidación. No ocurren en San Agustinillo específicamente, sino en las playas masivas más al este, como La Escobilla. Pero la actividad individual de tortugas en San Agustinillo y Mazunte es alta durante esos meses.
En noviembre y diciembre la actividad disminuye pero no se detiene. Hasta en enero se pueden encontrar tortugas aisladas. En los meses de febrero a julio la actividad de desove es mínima.
La liberación de crías: otro momento posible
Además del desove, hay otro momento igual de emocionante: la liberación de crías. Los nidos que fueron recolectados y protegidos en el campamento tortuguero eclosionan generalmente entre 45 y 60 días después del desove. Cuando las crías nacen, el campamento organiza eventos de liberación nocturna donde los participantes pueden ver las pequeñas tortugas caminando hacia el mar.
Estas liberaciones son más predecibles que encontrar una hembra en desove, porque el campamento sabe aproximadamente cuándo van a eclosionar los nidos bajo cuidado. Si te interesa asistir, pregunta en el campamento tortuguero de Mazunte con anticipación.
Las mismas reglas aplican: sin luz blanca, sin tocar las crías, sin desviarlas del camino hacia el mar.
El contexto de conservación
La tortuga golfina estaba al borde de la extinción en México en la segunda mitad del siglo XX. La matanza industrial para usar su piel, aceite y huevos casi la elimina. A partir de los años noventa, con la prohibición del aprovechamiento comercial y el establecimiento de campamentos tortugueros como el de Mazunte, las poblaciones han ido recuperándose lentamente.
Hoy la golfina sigue siendo especie vulnerable, no fuera de peligro. Cada nido que llega a término y cada cría que alcanza el mar es parte de esa recuperación. Los turistas que observan con respeto y contribuyen económicamente a los campamentos son parte de ese sistema de conservación.
San Agustinillo y Mazunte han construido una relación con las tortugas que va más allá del turismo: es identidad, es economía local, es cultura. Entrar a eso como visitante con respeto no es solo cortesía; es la única forma en que esa relación puede sostenerse.
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