La tortuga golfina es el reptil marino que más se asocia con la costa oaxaqueña, y con razón: las playas entre Puerto Ángel y Mazunte son uno de los sitios de anidación más importantes del Pacífico mexicano. Pero alrededor de las tortugas circula mucha información imprecisa, mezclada con imágenes idealizadas que no siempre corresponden a lo que un viajero va a encontrar. Esta guía va a los datos.
Qué es la tortuga golfina
La tortuga golfina (nombre científico: Lepidochelys olivacea) es la especie de tortuga marina más abundante del mundo, aunque eso no quiere decir que esté fuera de peligro. Su nombre común viene de su caparazón de color gris-oliváceo, diferente al café oscuro de la tortuga carey o al negro brillante de la laúd. El tamaño adulto ronda los setenta centímetros de largo y un peso entre treinta y cincuenta kilogramos. Son considerablemente más pequeñas que la tortuga laúd, que puede superar los ciento cincuenta kilos.
Viven en aguas tropicales del Pacífico y el Índico, se alimentan principalmente de medusas, cangrejos, langostinos y algunos peces pequeños. La expectativa de vida en condiciones naturales no se conoce con precisión, pero se estima entre treinta y cincuenta años.
Por qué anidan en esta costa
Las hembras de tortuga golfina regresan a desovar en las mismas playas donde nacieron —o en playas muy cercanas. La costa entre Tonameca y Mazunte reúne condiciones favorables: arena de textura y temperatura adecuada para la incubación, pendiente de playa que facilita a las hembras subir desde el agua, y aguas cercanas con temperatura que permite alimentarse antes y después del desove.
La playa de San Agustinillo forma parte de este corredor de anidación. No es el sitio de mayor concentración —Escobilla, más al norte, tiene arriibadas masivas de miles de tortugas en una sola noche— pero sí recibe hembras regularmente durante la temporada y es uno de los pocos lugares donde se puede observar el proceso sin la masificación de otros sitios.
La temporada: cuándo llegan
Las tortugas golfinas anidan durante todo el año en esta costa, pero la temporada de mayor actividad corre de julio a diciembre, con los picos más altos en septiembre y octubre. Las arriibadas —el fenómeno en que cientos o miles de tortugas desovan simultáneamente en una misma noche— ocurren con más frecuencia entre agosto y noviembre.
En San Agustinillo específicamente, los avistamientos más frecuentes son de julio a noviembre. En diciembre y enero todavía hay actividad pero menor. De febrero a junio las probabilidades bajan considerablemente.
La luna nueva y la cuarto menguante están asociadas estadísticamente con más desoves nocturnos —se cree que la oscuridad facilita a las hembras salir sin ser detectadas por predadores. No es una regla absoluta, pero muchos campamentos tortugueros de la zona calendarizan sus guardias en torno al ciclo lunar.
Qué pasa exactamente durante el desove
La hembra sale del mar de noche, generalmente entre las ocho de la noche y las cuatro de la mañana. Arrastra su peso por la arena hasta encontrar un punto de la playa que considera adecuado. Ahí excava un hoyo con sus aletas traseras —un proceso que dura entre veinte y cuarenta minutos— y deposita entre ochenta y ciento veinte huevos, del tamaño de pelotas de ping pong, en una cavidad de unos cincuenta centímetros de profundidad.
Después cubre el nido con arena, lo disimula moviendo más arena a su alrededor, y regresa al mar. Todo el proceso tarda entre una hora y hora y media. La misma hembra puede anidar varias veces en una misma temporada, con intervalos de aproximadamente dos semanas entre puestas.
Los huevos incuban entre cuarenta y cinco y sesenta días. La temperatura del nido determina en gran medida el sexo de las crías: nidos más calientes producen más hembras, nidos más fríos más machos. El cambio climático está alterando esta proporción en muchas playas del mundo.
Cómo verlas en San Agustinillo
El campamento tortuguero asociado a la cooperativa local organiza guardias nocturnas con cupos limitados. El proceso habitual es presentarse antes de las ocho de la noche, esperar en la playa o en las instalaciones del campamento, y cuando los guardias detectan una tortuga en proceso de desove, se acerca al grupo de manera controlada.
Las reglas son estrictas: sin flash fotográfico (cualquier luz blanca intensa puede desorientar a la hembra y hacer que regrese al mar sin completar el desove), sin ruidos fuertes, distancia mínima de varios metros mientras la tortuga excava, y prohibición de tocar los huevos o la tortuga sin autorización del guía.
Si la hembra ya está en proceso de puesta, normalmente se puede observar desde más cerca. En ese estado la tortuga entra en una especie de trance —los ojos segregan un líquido que parece lágrimas, aunque en realidad es el mecanismo de excreción de sal— y es menos sensible a la presencia humana.
No hay garantía de ver tortugas en ninguna salida. Incluso en temporada alta, hay noches en que no aparece ninguna. Lo que sí es garantizable es la experiencia de estar en la playa oscura, escuchando el mar, en uno de los ecosistemas más protegidos de México.
Los nidos y las crías
Los nidos marcados por el campamento se protegen para evitar el saqueo —un problema histórico en esta costa. Cuando se acerca la fecha probable de eclosión (entre 45 y 60 días después de la puesta), los guardias hacen seguimiento y si es posible facilitan que las crías lleguen al mar de noche para reducir la depredación por aves.
Ver la eclosión y las crías corriendo hacia el mar es posible pero requiere suerte con la fecha. No es algo que se pueda reservar con anticipación porque depende del calendario exacto de cada nido. La mejor estrategia es preguntar directamente al campamento cuántos nidos hay en período próximo a eclosión y si hay posibilidad de presenciar alguna.
Datos de conservación que vale saber
La tortuga golfina está clasificada como “vulnerable” en la lista roja de la UICN. La principal amenaza histórica fue la caza directa —de la que Mazunte fue parte hasta 1990— y el saqueo de nidos para venta de huevos. Ambas actividades son ilegales en México desde hace décadas, pero el saqueo ilegal persiste en algunas playas.
Las redes de pesca son otra amenaza importante: las tortugas se ahogan si quedan atrapadas. México exige el uso de dispositivos excluidores de tortugas en redes camaroneras, aunque el cumplimiento es irregular.
La conservación en la zona de San Agustinillo y Mazunte ha mejorado significativamente desde los años noventa. Las cooperativas locales tienen más interés económico en el turismo de observación que en el saqueo, lo que ha cambiado la dinámica de protección de manera orgánica.
La pregunta que todos hacen: ¿se pueden tocar?
No. Las tortugas marinas son especie protegida y en México existe regulación específica sobre la interacción con ellas. Tocar a una hembra durante el desove puede interrumpir el proceso. En el agua, seguir o perseguir tortugas mientras hacen snorkel está permitido siempre que se mantenga distancia y no se las toque. El snorkel en los arrecifes de San Agustinillo permite ver tortugas nadando a pocos metros de manera completamente natural —sin necesidad de ninguna intervención.
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