Llegué a San Agustinillo sin haber estado nunca en una tabla de surf. Siete días después podía pararme en olas de hasta metro y medio, entender la lectura básica de un set, y saber cuándo salir del agua antes de que el mar me decidiera por mí. Esto es lo que pasó, día por día, con los detalles que me hubiera gustado saber antes de empezar.
Antes de Empezar: Por Qué San Agustinillo para Principiantes
San Agustinillo tiene un break de playa —una ola que rompe sobre arena, no sobre arrecife o roca— que es relativamente consistente, con olas que en la mayor parte del año rondan entre 0.5 y 1.5 metros de altura. El fondo arenoso es importante: cuando caes (y vas a caer muchas veces), no golpeas roca sino arena. Eso marca una diferencia enorme para quien está aprendiendo.
Hay escuelas de surf establecidas en el pueblo con instructores que llevan años enseñando aquí. El acceso al agua desde la playa es sencillo —no hay arrecife que cruzar, no hay corriente de salida permanente que gestionar— y las condiciones suelen ser más amables que en playas con más renombre surf como Zipolite o Puerto Escondido.
Día 1: La Clase de Tierra
Ningún instructor decente te mete al agua el primer día sin antes trabajar en tierra. El mío —un oaxaqueño de Pochutla que lleva doce años enseñando en esta playa— pasó la primera hora con la tabla sobre la arena.
Aprendimos el pop-up: la secuencia de movimientos para pasar de estar boca abajo sobre la tabla a estar de pie en un solo movimiento fluido. Parece simple cuando lo ves, es difícil cuando lo haces. La posición de las manos, la postura de la espalda, dónde van los pies. Todo importa.
Después, al agua. Las primeras olas fueron espumas —la parte blanca después de que la ola ya rompió, que empuja pero no tiene la potencia ni la forma de una ola verde. Prácticamente me metieron en el agua, me orientaron hacia la playa, y empujaron la tabla en el momento justo. Me caí cuatro veces en cinco intentos. En el quinto me paré. Duré quizás dos segundos antes de perder el equilibrio, pero me paré.
Esa primera tarde salí del agua agotado y con los brazos sintiendo como si los hubieran pasado por una lavadora. El remo es un trabajo físico que nadie te anticipa bien.
Día 2: El Cuerpo Grita
Desperté con los músculos del hombro, el trapecio, y los lumbares en protesta total. No es lesión — es el cuerpo acostumbrándose a movimientos que no ha hecho nunca.
La sesión del día 2 fue más corta por decisión del instructor: “Mejor dos horas con el cuerpo fresco que cuatro con el cuerpo agotado.” Nos enfocamos en el posicionamiento sobre la tabla —estar muy al frente hace que la tabla entierre la nariz; muy atrás la frena y la hace inestable— y en la lectura de qué espumas valían la pena y cuáles no.
Terminé con seis o siete slides exitosos sobre espumas. No exactamente surf, pero algo.
Día 3: Las Primeras Olas Verdes
El instructor decidió que estaba listo para olas verdes —las que todavía no han rompido. El cambio es enorme: tienes que rimar con la ola, remando para igualar su velocidad en el momento exacto en que te alcanza. Si remas demasiado pronto, la ola pasa debajo. Si remas tarde, la ola te voltea.
Me pasó de todo. Fui volteado cuatro veces. Dos veces remé al momento correcto pero el pop-up fue lento y la ola me pasó. Una vez salí bien y recorrí unos ocho metros parado antes de caer.
Ese momento —los ocho metros sobre una ola verde, el ruido del agua a los lados, la sensación de que algo físico te está llevando— es lo que hace que toda la gente que surfea vuelva al agua. Lo entendí ese día.
Día 4: Descanso Activo
El instructor lo marcó como día libre de clases formales, pero me invitó a salir con él una hora a primera luz. “No para aprender nada nuevo. Solo para estar en el agua y ver.”
Vimos un set de cuatro olas llegar desde el horizonte. Los surfistas que estaban afuera (la playa tiene siempre algunos locales en el agua desde temprano) eligieron sus olas. Vi cómo leían el set: qué ola prometía mejor forma, cuánto tiempo tenían para posicionarse, cómo giraban la tabla para recibirla.
El resto del día lo pasé en tierra, con libros, comida, y un mezcal al atardecer. Necesitas descansar.
Día 5: Trabajando el Giro
Día 5 fue técnico. Con el pop-up ya semi-automatizado, el instructor introdujo el giro básico: cómo dirigir la tabla una vez que estás parado inclinando el peso en el talón o en los dedos del pie. Es sutil pero es lo que transforma “estar parado en la ola” en “surfear la ola.”
No dominé el giro ese día. Lo que sí conseguí fue mayor consistencia en el pop-up —de diez intentos en olas apropiadas, me paré bien en seis o siete— y más tranquilidad en el agua. Ya no me asustaba el ruido de un set llegando. Ya podía distinguir olas que iban a romper bien de las que iban a quebrar desordenado.
Día 6: Solo en el Agua
La primera sesión sin instructor. Me fui al agua a las 7 AM, antes de que llegaran los turistas, con la tabla rentada y el conocimiento de la semana encima.
La soledad en el agua es completamente diferente. Sin nadie diciéndote cuándo remar, tienes que decidir solo. Fallé más de lo que en clases. Pero también tuve cinco rides que fueron completamente míos —sin empujón del instructor, sin instrucción vocal, solo yo leyendo la ola y ejecutando. Uno de ellos duró quince metros y salí del agua sintiéndome ridículamente orgulloso.
Día 7: El Mar Decide
El último día el mar estaba más grande que toda la semana: sets de metro y medio a dos metros. El instructor me dijo sin rodeos que era un día para observar, no para surfear si no tenía experiencia en esas condiciones. “Respeta el mar. Siempre va a estar aquí mañana.”
Nos sentamos en la arena y él me explicó cómo leer las condiciones: dónde rompían las olas, por qué rompían donde rompían, qué hace el viento con la superficie, cómo saber si hay corriente de lado. Fue la clase más valiosa de la semana aunque no toqué el agua.
A las 4 PM el mar bajó un poco. Entré con él a la zona más pequeña del extremo este de la playa y tuve mi mejor sesión de la semana.
Costos de una Semana de Surf en San Agustinillo
- Clases individuales: 400–600 MXN por sesión de 1.5–2 horas. Algunos instructores ofrecen paquetes de cinco clases con descuento.
- Renta de tabla (sin clase): 150–250 MXN por hora, o 400–500 MXN por día completo.
- El equipo lo provee la escuela generalmente.
Una semana de aprendizaje real —cinco clases más dos días de práctica independiente— puede costar entre 2,500 y 4,000 MXN dependiendo del instructor y el paquete que acuerdes.
Consejos que Nadie te Dice
El cansancio de los brazos es el obstáculo número uno de los primeros días. Nada ayuda más que la práctica acumulada, pero estiramientos de hombro antes de entrar al agua reducen el dolor posterior.
La tabla grande es tu amiga. Los principiantes quieren tablas de menos de 7 pies porque se ven más “de surfista.” Los instructores te dan una tabla larga (8–9 pies) porque flota más, rema más fácil, y es más estable. Hazles caso.
Entra al agua temprano. Las primeras horas de la mañana tienen menos viento, olas más ordenadas, y menos gente en el lineup.
Y lo más importante: acepta que vas a caer más de lo que te vas a parar, especialmente la primera semana. El surf es el deporte en el que la relación entre intentos fallidos y exitosos es más desequilibrada de los que existen. Lo que te mantiene en el agua es el recuerdo de esos segundos en que funcionó.
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