Cuando la gente habla de ver tortugas en la costa oaxaqueña generalmente dice “hay tortugas” como si fuera una sola cosa. Pero no todas las tortugas son iguales, no todas anidan en los mismos lugares y no todas llegan en la misma temporada. Entender las diferencias hace que la experiencia de verlas sea mucho más rica, y también ayuda a saber adónde ir y cuándo.
La costa oaxaqueña, especialmente el tramo entre Puerto Ángel y Puerto Escondido, es uno de los corredores de anidación de tortugas más importantes del Pacífico mexicano. Lo que ocurre aquí cada año es un fenómeno de escala global que muchos visitantes subestiman.
La golfina: la estrella del espectáculo masivo
La tortuga golfina (Lepidochelys olivacea) es la especie que llega en números que dejan sin palabras. Las golfinas protagonizan las “arribadas”, esos eventos en que miles de hembras salen a anidar simultáneamente durante tres o cuatro noches seguidas. Pueden ser 5,000, 20,000, o incluso más tortugas en una sola noche.
Las playas más conocidas para las arribadas masivas están un poco al norte de San Agustinillo: La Escobilla y Morro Ayuta, cerca de San Pedro Pochutla, son dos de las principales. La Escobilla, en particular, es una de las playas con mayor concentración de anidaciones de golfina en el mundo.
Temporada de anidación de golfina: Julio a diciembre, con pico entre agosto y octubre. Las noches de luna nueva y cuarto menguante concentran las mayores arribadas, porque las tortugas prefieren menor iluminación.
Las golfinas son medianas: entre 60 y 70 centímetros de largo, con caparazón de color oliváceo grisáceo (de ahí su nombre). Si ves fotos de cientos de tortugas saliendo del mar juntas en una playa oaxaqueña, es casi seguro que son golfinas.
La baula: la más grande y la más amenazada
La tortuga laúd o baula (Dermochelys coriacea) es la tortuga marina más grande del mundo. Puede alcanzar los 2 metros de largo y superar los 500 kilogramos. Su caparazón no es duro como el de otras especies sino correoso y oscuro, con crestas longitudinales que le dan el aspecto de un barco invertido.
Las baulas anidam en playas de arena oscura y grano grueso, y en la costa oaxaqueña tienen presencia en playas del istmo y algunas zonas entre Puerto Ángel y Huatulco. Son mucho menos numerosas que las golfinas y su situación de conservación es crítica: están en peligro de extinción a nivel global.
Temporada de anidación de baulas: Octubre a marzo, con pico en noviembre y diciembre. Ver una baula es un evento mucho más raro y significativo que ver una golfina. Los campamentos tortugueros que trabajan con esta especie mantienen vigilancia nocturna durante meses.
Si alguna vez tienes la oportunidad de ver una baula anidar, guarda absoluto silencio, no uses luz directa y mantente a la distancia que el guía indique. Son animales que se asustan fácilmente y pueden abandonar la anidación si sienten amenaza.
La prieta o negra: la del Pacífico este
La tortuga prieta (Chelonia mydas agassizii), también llamada tortuga verde del Pacífico, es la subespecie del Pacífico oriental de la famosa tortuga verde. Se diferencia de su pariente del Atlántico principalmente por el color más oscuro del caparazón.
En la costa oaxaqueña anidam en menor número que las golfinas pero su presencia es constante. También son tortugas de pastoreo marino: se alimentan de algas y pastos marinos en zonas costeras poco profundas, lo que significa que es posible verlas durante el snorkel en algunas zonas de la bahía.
Temporada de anidación: Junio a octubre principalmente.
La tortuga prieta tiene un comportamiento más solitario en la anidación. No protagoniza arribadas masivas sino que las hembras llegan de forma individual o en grupos pequeños durante las noches.
La carey: la más difícil de ver
La tortuga carey (Eretmochelys imbricata) tiene el caparazón más ornamentado de todas las especies, con escamas superpuestas que en el pasado eran muy codiciadas para la fabricación de objetos decorativos (lo que la llevó al borde de la extinción). Su pico es puntiagudo y curvo, adaptado para extraer alimento de grietas coralinas.
Las carey anidam en playas más apartadas y en menor número. En la costa oaxaqueña hay registros pero son los avistamientos más escasos. Si ves una carey en el agua durante el snorkel, es un evento que los buzos y snorkeleros de la zona recuerdan por años.
Temporada de anidación: Julio a octubre.
Campamentos tortugueros en la zona
Cerca de San Agustinillo hay dos campamentos tortugueros que trabajan activamente en la protección de nidos:
Campamento tortuguero de San Agustinillo — El campamento local trabaja principalmente con golfinas. En temporada alta (septiembre y octubre) patrullan la playa cada noche para relocar nidos en peligro y vigilar los que están en su lugar original. Permiten visitas guiadas nocturnas donde puedes ver el proceso de anidación y en ocasiones el nacimiento de crías.
Campamento de Mazunte — Mazunte tuvo históricamente una industria de procesamiento de tortugas que fue prohibida en 1990. Desde entonces la comunidad trabaja en conservación. El Centro Mexicano de la Tortuga, ubicado en Mazunte, es un acuario-museo que mantiene ejemplares vivos de las diferentes especies para educación y reproducción. Vale la visita aunque no sea temporada de anidación.
Qué hacer y qué no hacer al ver tortugas
Las tortugas en el proceso de anidación o emergencia de crías son animales en un momento de máxima vulnerabilidad. El protocolo de observación responsable:
- No usar flash ni luz directa. Usa linternas con filtro rojo si los guías lo permiten, o ninguna luz.
- No hacer ruido. Las tortugas se desorientan con estímulos súbitos.
- Mantener la distancia mínima de 3 a 5 metros de una hembra anidando, más si el guía lo indica.
- No tocar los huevos ni a las crías. Las crías se orientan por la luz del horizonte marino y cualquier interferencia puede llevarlas en dirección equivocada.
- No tomar fotos con flash. Una foto sin flash con buena cámara da mejores resultados de todas formas.
- Seguir siempre las instrucciones del guía del campamento.
La perspectiva de la conservación
Las tortugas marinas llevan más de 100 millones de años en los océanos. Han sobrevivido extinciones masivas que acabaron con los dinosaurios. En apenas cincuenta años de actividad humana intensa (pesca incidental, destrucción de playas de anidación, comercio ilegal) varias especies llegaron al borde del colapso.
La costa oaxaqueña es hoy uno de los lugares donde la recuperación es visible. Las llegadas de golfinas en La Escobilla son más numerosas que en décadas anteriores. Los campamentos tortugueros han logrado salvar millones de huevos que sin protección hubieran desaparecido.
Ver tortugas en esta costa no es solo turismo de naturaleza. Es ser testigo de un proceso de recuperación que depende de que la gente entienda lo que ocurre y apoye, aunque sea modestamente, a quienes trabajan para que ocurra.
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